Cruce de los Andes: El plan de San Martín para liberar a Chile y Perú cumplió 200 años de éxito

Cruce de los Andes - San Juan

Foto: Luis Fernando Marquez

(Primera Parte)

Por Sergio Alfonsín
Periodista de Radio Colón

La inmensa cordillera de los Andes es un obstáculo geográfico casi imposible de atravesar sólo con la voluntad del hombre. Es un muro que, al día de hoy, es insalvable si no fuera por la modernización de los pasos fronterizos que terminan uniendo a Argentina con Chile. Sin embargo, hace 200 años, el general don José de San Martín, puso su empeño para atravesar tres cordones montañosos, y llegar a Chile para liberar al pueblo de la opresión española.

Semejante odisea hubiera sido imposible si un genio, de la talla del nacido en Yapeyú, no lo plasmara en una estrategia de guerra que al día de hoy se estudia en las principales escuelas de armada en las ciudades más importantes del mundo. San Martín no sólo soñó con la libertad de los pueblos, sino que puso toda su sabiduría al servicio de sus anhelos.

Sin dudas, que esta gesta tampoco hubiera sin posible sin el apoyo de los pueblos cuyanos. San Juan, Mendoza, San Luis y La Rioja no sólo aportaron hombres al Ejército de los Andes, sino que hasta las mujeres colaboraron para que la empresa fuera un éxito. Las patricias sanjuaninas y mendocinas cosieron a destajo los uniformes de los soldados y bordaron las banderas que darían valor a quienes defendían el espíritu libertario. Los herreros no descansaron hasta darle forma a los sables y las balas de cañón. Los hacendados donaron sus animales y los esclavos que la ley aún les permitía. Los religiosos que no sólo bendijeron a los soldados sino que los acompañaron en la huella de los Andes.

Desde hace doce años el gobierno de la provincia de San Juan emprende cada febrero una expedición para darle valor y entidad actual a aquella gesta sanmartiniana que soportó los fríos más crudos y cruzó los ríos más acaudalados para ir en socorro de los chilenos sofocados por los realistas. Lo organiza para darle sentido a la historia que se escribió pero que en algún punto se tergiversó. San Martín eligió San Juan para sorprender a los chilenos. Eligió Valle Hermoso en el departamento Calingasta porque por este reducido paso, angosto y traicionero, el enemigo jamás esperaría a la columna que traía en la retaguardia al militar que los derrotaría.

Año tras año, los expedicionarios cruzamos la cordillera con el asombro de las montañas más imponentes y más hermosas, pero respetando la historia y rindiendo homenaje a los más de cinco mil soldados que, con una sola muda de ropa, no preparada para la montaña, buscaban vencer sus miedos, apaciguar sus necesidades con el sólo anhelo de abrazar a sus hermanos cordilleranos.

Un grupo de avanzada, preparó meses antes, la infraestructura para que todo esté en condiciones de recibir a casi 300 personas. La comida estuvo a cargo, una vez más, de Gendarmería, que con sus guisos de charqui y carnes a la parrilla, alimentó no sólo el cuerpo de los expedicionarios sino su espíritu. Hubo un grupo de civiles que realizaron mejoras en el refugio Sardina y sirvieron para tener las mínimas comodidades para hacer más reparador el descanso previsto. En plena montaña hay puestos de crianceros chilenos que tienen chivos, cabras y mulas engordando en los pastizales del suelo calingastino. También de ellos hemos recibido algún chivo para tirar a la parrilla y uno que otro queso de cabra para disfrutar con un buen vino blanco sanjuanino.

Este año se cumplieron 200 años  y el Cruce de los Andes fue diferente. Fuimos alrededor de 160 civiles más un centenar más de militares, entre Gendarmería Nacional, Ejército Argentino y Ejército de Chile. Tuvimos que soportar una oscilación de temperaturas que bajaba a 10 grados bajo cero para luego trepar a los 30 grados, todo en una misma jornada. La marcha fue lenta pero incesante, tuvimos lastimados por caídas de la mula, por una cincha floja, algunos fueron evacuados en helicóptero, pero aún así, nadie decayó en la tristeza o desazón y ajustando los estribos contra el lomo del animal, siguieron subiendo hacia el límite.

La subida al Espinacito, cercano a los 4700 metros de altura sobre el nivel del mar, tuvo su premio cuando desde su portezuelo, se podía observar a la derecha el cerro Mercedario y a la izquierda el hermoso Aconcagua. Única huella de la cordillera donde se pueden ver los dos picos más altos de la cordillera de los Andes en su vasta extensión. Luego vendrían las Vegas de Gallardo, para parar y bajar del equino para poder refrescarse y comer algo. En horas de la tarde, durante la jornada más larga de cabalgata (alrededor de 12 horas), llegamos al refugio Sardina, un lugar mágico, en la cuesta alta del valle Patos Sur.

Después de un día de descanso, llegaría el momento de subir a Valle Hermoso, en donde el hito marca un límite imaginario entre Argentina y Chile. Es imaginario, porque ambos países están hermanados desde su concepción y San Martín fue, sin dudas, el mejor ejemplo de unidad entre dos pueblos que se aprecian y forjan día a día la integración. El acto con los chilenos es un abrazo sin fin, creo que en ningún lugar del mundo cantaré el himno nacional con tanto sentimiento. La piel se contrae y el corazón se agiganta, ya no cabe dentro del cuerpo, tanto esfuerzo para llegar al límite y poder homenajear a San Martín y a Bernardo O’Higgins, padres de la patria. A esta altura, todos nos preguntamos si tendremos fuerza para volver, las piernas se aflojaron hace rato y no quedan energías para sostenerse arriba de la mula.

Cruce de los Andes - 200 años

Foto: Luis Fernando Marquez

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